miércoles, 8 de agosto de 2012

LA INCIDENCIA DE LA VOLATILIDAD DE PRECIOS EN LA ALIMENTACIÒN BOLIVIANA

La incidencia de la volatilidad de precios globales sobre productos/commodities agrícolas en Bolivia es un fenómeno poco estudiado y merece especial seguimiento debido a las subidas y bajadas de los precios internacionales en los últimos años. Nuestro país no ha podido escapar a los precios internacionales, así como tampoco ha podido escurrirse de las crisis alimenticias a nivel global. Además, la relación de la volatilidad de precios con algunos fenómenos específicos que hacen a las crisis alimenticias, como ser la uniformización de los hábitos alimenticios, arrojan elementos importantes que aportan al análisis del  modelo productivo que se está imponiendo en el mundo entero: la agroindustria, con vistas a encontrar soluciones al hambre en el mundo. En este sentido, es superlativo que realicemos un breve resumen de lo que significan las crisis de alimentos a nivel mundial como preámbulo, para luego concentrarnos en el caso boliviano.
Crisis alimenticia en el mundo y sus nuevas características
Ya hemos vivido dos crisis en menos de cinco años (2008 y 2011) y actualmente, el mundo se encuentra en la antesala de una nueva crisis alimenticia por razones múltiples. Las lecciones aprendidas no han llegado a aplicarse debido a los intereses corporativos que están íntimamente ligados a impedir revisar y/o formular nuevos mecanismos ligados a superar las dificultades alimenticias y, por ende, el hambre en el mundo, cómo ser: medidas para impedir la especulación sobre commodities agrícolas, desincentivar la producción de agro-combustibles, impulsar una mayor coordinación productiva que evite problemas de abastecimiento debidos a fenómenos climatológicos, etc. La FAO estima que estamos, una vez más, cerca del umbral de mil millones de seres humanos crónicamente hambrientos. Y sin lugar a duda, si más factores llegasen a adicionarse, por ejemplo el aumento prolongado del precio del barril de petróleo, la cifra del hambre seguirá creciendo.
El factor preponderante de la crisis que se avecina es climático, las sequias en particular están afectando la producción en países que dominan la producción agropecuaria. Una sequia importante ya afecta el 60% del territorio de Estados Unidos, la peor desde 1956[1]. A su vez, la ausencia de precipitaciones en Rusia, Ucrania y Kazakstán, importantes productores de cereales a nivel global, deterioran aún más la oferta. Se especula que en un mes, la producción de maíz estadounidense bajó en 75 millones de toneladas y la de Rusia en 30 millones. Ambos importantes productores de cereales para los mercados globales.[2]
Pero existen otros factores importantes parecidos al contexto del 2008, como el fomento a la conversión de commodities agrícolas en combustible. En 2008 existían mandatos en EEUU y Gran Bretaña para fomentar la producción de biocombustibles, lo que llevó a una especulación de precios que sigue vigente.  Al respecto, tenemos la reciente declaración de José Graziano da Silva, Director General de FAO: "Una suspensión inmediata y temporal de la legislación estadounidense, que destina cuotas de las cosechas de maíz a la producción del biocarburante, daría cierto alivio al mercado y permitiría destinar más granos a la alimentación humana y animal", destacó el director de la FAO.[3]
El panorama es preocupante: el stock de maíz global se encuentra en el nivel más bajo de los últimos 6 años de acuerdo al Consejo Internacional de Granos (IGC, en inglés)[4], y éste puede ser rápidamente absorbido si existen futuras contingencias climáticas que impidan lograr niveles óptimos de producción. De hecho, tenemos que los niveles freáticos de la cuenca del río Misisipi en EEUU han bajado de manera considerable y preocupante de acuerdo a la sobreproducción agrícola y, al mismo tiempo, son víctima de altísimas dosis de pesticidas derivadas de la gran producción agrícola de la zona, que es el seno de producción de granos más importante del mundo. Estamos ante factores que hacen insostenible la producción, los que están acompañados de la política que EE.UU ha sostenido desde décadas anteriores para concentrar la producción y crear dependencia alimenticia, a través de subsidios que han hecho imposible competir con las importaciones de alimentos, especialmente en países periféricos. Estos elementos hacen que las bajas productivas en esta zona sean un desastre para países ahora dependientes de la producción norteamericana.
Estos factores, junto a otros, agudizan el problema del hambre en el mundo y aquellos que detentan el poder para frenar esta fuerte tendencia, no hacen más que defender sus intereses políticos y económicos. Por lo menos, esa es la interpretación que podemos darle a las recientes declaraciones del vicepresidente de Cargill, Paul Conway, hechas en la Conferencia de Inversiones de CreditSuisse (AIC), que alegan que el mundo puede proveer de alimentos a 9 millones de personas si los gobiernos aseguran derechos propietarios sobre tierras y afianzan una producción de alimentos globalizada. A su vez, indicó que se necesitaría incrementar la producción global en un 70%, siempre haciendo hincapié en que los mercados agrícolas deben operar de manera más abierta permitiendo mayores flujos de alimentos a través de las fronteras.[5] Considerando que actualmente ya se produce suficiente para alimentar el mundo, esta apreciación es prueba de que la intención no es realmente alimentar al mundo y, menos aún, asegurar una adecuada nutrición de la población mundial, sino que se busca continuar con la concentración de la cadena de producción en cada vez menos empresas  para afianzar los fines de acumulación de capital y poder de las mismas. Las brechas estructurales de pobreza y hambre en el mundo continúan en proceso de crecimiento y no hay intención, desde estas esferas, de quebrarlas. El problema de la producción de alimentos no debe abordarse desde la capacidad del sistema de producción agrícola, ni en el cambio climático – aunque son aspectos cruciales–, sino que debe encararse desde la raíz: el modelo de producción que se caracteriza en esencia por una filosofía de no unidad del ser humano con la naturaleza, que se sustenta en la agroindustria y su lógica de utilización y explotación de la tierra, aprovechando al máximo hasta el último suspiro de fertilidad de la misma, y maximizando la producción en base al monocultivo, a pesar de los problemas ambientales que de ello surgen. Y este modelo, en su forma se basa en un sistema de poder cuyas decisiones políticas apuntan a diezmar con los últimos resquicios de cualquier sabiduría agrícola que atente contra los intereses de este sistema que hacen del hambre, la enfermedad y la pobreza en un negocio.
La importancia del mercado Chino en el marco de las nuevas características de la crisis alimenticia:
Según lo recién anotado, no es causal que los hábitos alimenticios en el mundo sean cada vez más uniformes y homologados a la cultura de producción y consumo de alimentos occidental.  Y como logro esencial de esta homogeneización, tenemos justamente el caso del gran mercado Chino. Los nuevos hábitos de consumo de corte occidental, cada vez más uniformizados, que se están insertando en el mercado Chino, junto al avance de la agricultura industrial en este país, han generado un proceso de reacomodación del mercado de commodities agrícolas a nivel mundial. El nivel de consumo cárnico en la China, así como la importación de soya para alimentos balanceados, son tan significativos que empresas comerciantes de granos cómo Cargill y Bunge, además de proveedores de insumos y tractores como Monsanto y John Deere, han ganado ingentes cantidades de dinero abasteciendo a este creciente mercado. A su vez, nos encontramos con otro fenómeno, inminente al anterior: la agudización de la lucha por el acaparamiento de tierras para la producción, el que profundiza el problema alimenticio. Este fenómeno se da debido a que el aprovisionamiento de enormes cantidades de forraje y granos para el mercado Chino ha incrementado la búsqueda de tierras en las cuales producir estos commodities agrícolas a precios bajos, en África, el Sudeste Asiático y Sudamérica.
Estas medidas de abasto asumidas por el gobierno chino se tornan en políticas contrarias a su significativa población campesina de alrededor de 800 millones de adeptos. La importación de forraje animal y soya producida por grandes proveedores, da impulso a la desestructuralización de la lógica de auto producción y autosuficiencia alimenticia de este país. El ingreso de commodities agrícolas altamente subsidiados imposibilita competir a su gente,[6] y, lastimosamente, asegura la tendencia de descampesinización que se da en el mundo entero, que va de la mano de concentración de la producción de alimentos, creando tal dependencia que las resolución de las crisis alimenticias están cada vez más sujetas a la decisión de pocas empresas.
Bolivia en el marco de la crisis de alimentación internacional
Y nuestro país no está lejos de la realidad mencionada hasta ahora. La restructuración de las tendencias de consumo alimenticio que se han dado en la potencia asiática, se transporta hasta nuestro país de modo muy similar, claro que con sus propias características. Las preferencias alimenticias (hábitos alimenticios) en Bolivia han sufrido modificaciones importantes las últimas 4 décadas, concentrándose en el consumo de alimentos o productos derivados de la agro industria nacional muy ligada a los precios internacionales.
Al respecto, una encuesta realizada por el Instituto Nacional de Estadística Boliviana (INE) el 2004 y 2005, nos proporciona información referida a que la dieta boliviana está esencialmente compuesta por un mayor consumo cárnico, de azúcar y aceite[7].
Por su parte, tenemos la creciente tendencia a la descampesinización en Bolivia. Indudablemente, los cambios alimenticios han modificado el requerimiento de productos en los mercados urbanos (principalmente los mayores mercados nacionales siendo La Paz, Cochabamba y Santa Cruz). La nueva dieta y estética alimentaria occidental se ha tornado en un serio impedimento a la gran variedad genética alimentaria desarrollada por generaciones de campesinos, producción adecuada a la topografía, clima y disponibilidad de suelos. Cabe resaltar que los campesinos disponen de suelos cada vez menos productivos[8].
Hacia el 2000 la agricultura campesina aportaba (como oferta de alimentos para el consumo interno) sólo el 38,8%. La agricultura empresarial y semiempresarial aportaban con el 44,6% y los importadores con el 18,6%. En la década de los setenta, se estimaba un aporte de la agricultura campesina hasta en un 75%. Estudios recientes muestran que en el año agrícola 2005/2006 la producción campesina concentraba el 25% del total producido, la producción campesina en el periodo 2008/2009 representaba ya solo el 21,6%[9], mostrando con claridad que la producción de los llanos se torna rápidamente en la región más importante de producción agrícola. Otros estudios actualizados sitúan a la producción campesina como proveedor de menos del 20% de la producción de los alimentos a nivel nacional.[10] 
Además, si tomamos en cuenta que las unidades productivas familiares campesinas/indígenas no solamente producen alimentos para el mercado, sino que producen para su autoconsumo, la pérdida de su actividad económica les quita tanto su herramienta para generar dinero en el mercado, como su capacidad de ser autosuficientes en su alimentación, engordando la población dependiente de productos alimenticios industriales y erosionando las condiciones de seguridad y soberanía alimentaria del país en su conjunto[11].
Consecuencia de esta tendencia ascendente de la agroindustria, tenemos que más del 80% de la producción está en manos de los medianos y grandes productores de Santa Cruz y, en muchos de los casos, en sociedad con la agroindustria. Tomando en consideración lo recabado por Miguel Ángel Crespo (PROBIOMA), Santa Cruz aporta con los siguientes alimentos producidos a nivel nacional: 62% del arroz; 43% del trigo; 40% del maíz ; 100% de la soya; (datos 2008);30 a 32% de las hortalizas; 40% de la papa producida (que consiste en tres tipos de papa holandesa introducidas)[12].
Observando esta tendencia podemos indicar que con cuatro cultivos importantes (arroz, trigo, maíz y soya), Santa Cruz se convierte en el departamento más importante para hablar de seguridad alimentaria dentro de las nuevas tendencias alimenticias.[13] Al mismo tiempo, el que la agricultura tradicional se encuentra en tierras deprimidas donde se ha producido procesos de erosión importantes de los recursos productivos, ocasiona una crisis de productividad acompañada de desplazamientos migratorios hacia áreas urbanas y pobreza.
No menos preocupante es que casi un tercio del área cultivada de Bolivia, que oscila entre 3 millones de hectáreas, es producción agroindustrial producida preferentemente para la exportación; además, ésta es producida en las mejores tierras cultivables del país. Nos encontramos con que los suelos más productivos del país se encuentran a disposición del intercambio de commodities agrícolas al mejor postor y no para asegurar la seguridad alimentaria local[14].
Finalmente, como anunciamos al iniciar este artículo, la producción de alimentos está cada vez más ligada a los vaivenes del panorama internacional. No es de extrañar entonces que los precios locales de alimentos estén ligados a los precios internacionales, que la inversión sea en extremo reducida y que sea la agroindustria la protagonista de este escenario.
Siendo un país con per cápita de 1687$ de los cuales el 67% se va a la compra de alimentos[15], y viendo que la tendencia es motivar el tipo de producción agroindustrial y empresarial, el estado se encuentra dificultado de poder controlar los precios a nivel interno, dado a que los precios son impuestos de modo externo. (Por ejemplo, las bolsas de valores de Rosario y Chicago definen precios de intercambio de commodities agrícolas en el contexto local)
A pesar de los esfuerzos realizados por el Estado nacional boliviano para controlar las tendencias globales de los precios, los gráficos 1, 2 y 3 reflejan curvas de precios similares a las curvaturas de precios internacionales crisis mundial de precios del 2008 y la actual. Los precios de aceite de cocina, pollo y carne con hueso, que son alimentos básicos, están muy ligados a precios internacionales. Es importante actuar con cautela y ver si los precios de productos mencionados en nuestro país empiezan a seguir las tendencias desde el nivel global.
Aunque actualmente los costos de harina siguen estables para el consumidor, necesariamente se tendrá que subsidiar aún más por parte del Estado para poder mantener los precios del pan y derivados.   
Todos los gráficos en base a datos del Instituto Nacional de Estadística (2012)

Algunas consideraciones sobre los procesos de homogeneización de los hábitos alimenticios
El diagnóstico que acabamos de exponer revela que nuestro país no está pudiendo escapar a las tendencias de producción, distribución y consumo de alimentos dominada por cada vez menos megaempresas que no tienen en realidad la intención de alimentar a la población, sino que pretenden dominarlas a través del estómago, decidiendo qué se come, a qué precio, cuánto y quién come. La pérdida de nuestro campesinado y una mayor dependencia alimentaria hacia un sistema agro industrial enfocado en la exportación de commodities agrícolas hace de Bolivia un país vulnerable hoy y mañana ante el la incidencia de la volatilidad de precios a nivel global. Es hora de invertir en una agricultura enfocada a satisfacer las necesidades de la población boliviana o tendremos serios problemas para alcanzar la seguridad alimentaria en Bolivia.
La diversificación de nuestros hábitos alimenticios está íntimamente atada a una renovación de un carácter soberano para la sociedad. Si no fortalecemos a nuestros productores que representan el 30% o más de nuestra fuerza laboral, tendremos una dependencia absoluta de comida altamente subsidiada y contraria a los intereses de una masa poblacional campesina importante.
La uniformización de la oferta alimenticia va de la mano de la uniformización de los hábitos alimenticios, y ambos devienen de los procesos de homogeneización culturales y económicos. La producción de alimentos y los procesos culturales de consumo de los mismos se corresponden con modelos culturales y económicos específicos. A nuestro modo de ver, tenemos dos modelos: aquel que en su filosofía propone la unidad del ser con la naturaleza y que incurre en procesos de producción y consumo complementarios con los ciclos, periodos y características de la tierra, con el fin de mantener el equilibrio ambiental. Estos modelos mantienen la diversidad de alimentos, así como mantienen diversidad de hábitos alimenticios. A este modelo corresponde la agricultura tradicional y campesina. Por el otro lado, tenemos aquel modelo cuya filosofía asume a la naturaleza como un medio para producir al máximo, exprimiendo a la tierra para sacar lo más que se pueda de ella, a través de la homogeneización de la producción y el monocultivo. Este modelo se caracteriza por la homogeneización de alimentos y de los hábitos alimenticios, rompiendo con la biodiversidad y la variedad, y es, además, el que se ha impuesto alrededor del globo terrestre, rompiendo la autodeterminación productiva de los pueblos y de los individuos, y acaparando la cadena de producción en cada vez menos manos.
La pérdida de diversidad de técnicas productivas, así como de la riqueza genética de nuestros productos agrícolas, que son necesariamente un patrimonio nacional intangible, como parte del proceso de uniformización que acabamos de describir, es realmente preocupante. Una producción diversificada aporta con oligoelementos importantísimos para la nutrición y desenvolvimiento de la población, aportándole condiciones fundamentales para mantener una identidad individual y social autónoma-autosuficiente, tanto a nivel de alimentación, como social y económico en general. Lastimosamente, como hemos visto en este ensayo, el proceso que se vive en nuestro país es precisamente el que se está dando a nivel internacional: la uniformización de los modelos de producción, junto a la homogeneización de los hábitos alimenticios, que nos hacen dependientes y nos sujetan a las subidas de precios internacionales.


[2] Bolpress. Se viene la tercera crisis alimentaria. www.bolpress.com/print.php?Cod=2012080901&p=1
[3]  AFP (15/08/2012).La FAO urge a Estados Unidos a suspender la producción de etanol de maíz. http://www.google.com/hostednews/afp/article/ALeqM5jRQCn7H86gDA6ypQRg_enMqacdsw?docId=CNG.e384d9807dd23669de0c0e17437007c2.c81
[5] The Financialist. Food for nine billion? Yes we can. http://www.thefinancialist.com/food-for-nine-billion-yes-we-can/. 17/08/2012
[6] GRAIN. ¿Quién alimentará a China: Los agronegocios o sus propios agricultores? Las decisiones de Beijing repercuten alrededor del mundo.
[7] Los datos recabados se distribuyen de la siguiente manera: 20,4% en pan y cereales, 20,2% en carne, un 12,3% en legumbres y un 25% del gasto total en consumo de alimentos fuera del hogar, tendencias que responden a procesos de urbanización ( Encuesta Instituto Nacional de Estadísticas -INE- 2004).
[8] Si a este patrón de crecimiento de cultivos industriales le sumamos el hecho de que las unidades productivas campesinas e indígenas se ubican en su gran mayoría en la zona occidental del país –según datos de Ormachea, 225,000 mil unidades se ubican en la región altiplánica, 164,000 mil en los valles y 57,000 mil en los llanos[8]–, encontramos entonces que, por un lado, la zona favorecida es la oriental del país y, por otro, la gran mayoría de las unidades productivas campesinas indígenas no tienen las suficientes condiciones para desenvolver su actividad económica, acceso a recursos naturales (agua y tierra) y van perdiendo sus mercados.
[9] Ormachea Saavedra, Enrique. CEDLA. Soberanía y Seguridad Alimentaria en Bolivia: Políticas y estado de la situación. La Paz 2009.
[10] Crespo, Miguel Ángel. PROBIOMA. El mito de la seguridad y soberanía alimentaria en Bolivia. 6 de Julio 2010.
[11] Rivera, Arispe, Maya y Sergio. ¿Quien decidirá quién come y a cuánto en Bolivia? Una mirada al contexto internacional y nacional. Le Monde Diplomatique, Bolivia. Mayo 2011.

[12] Datos proporcionados por Miguel Ángel Crespo en Marzo de 2011.
[13] Crespo, Miguel Ángel, Op. Cit.
[14] Según datos del INE, contrariamente a lo que generalmente se supone, Bolivia no se caracteriza por tener grandes extensiones de tierras aptas para la agricultura. Los suelos arables tipo I y II, sin restricciones, ascienden a 16,840 km2 (1.5% del total de la superficie del país), y los suelos con restricciones tipo III y IV abarcan 286,780 km2 (26,1% de la superficie total) y mayoritariamente se encuentran en el departamento de Santa Cruz
[15] Pérez y Medeiros, José Antonio y Gustavo Ignacio. La inversión pública en la agricultura: El caso de Bolivia. La Paz, Enero de 2011.

jueves, 13 de octubre de 2011

La condición humana, la bicivilizacionalidad y la civilización de la unidad

Ante la realidad inmediata y mediata del proyecto nacional que intenta efectuar el gobierno del MAS, pensamos que es imprescindible retomar algunos criterios que puedan complementar mejor dicha empresa. Es en éste afán que expresamos nuestra preocupación, intuición, sueños y percepciones ante un proyecto nacional que enfoca todo su potencial en la nacionalización de los medios y modos de producción para conseguir un mejor “desarrollo humano”, pero que lo hace únicamente al modo civilizacional occidental.

En este sentido, dicho proyecto queda desprovisto de valor histórico porque no reconoce que no puede más que cambiar el “estilo” o “modo” de explotación del sistema imperante, manteniendo la lógica de explotación capitalista intacta y, es más, permitiendo el desenvolvimiento de más complejas formas de la misma. Asimismo, conserva vigente la propiedad privada y la acumulación desmedida de los medios y modos de producción dentro del contexto de dependencia tecnológica, de gestión y de los paradigmas de desarrollo occidentales. A su vez, es ineludible plantear que los mecanismos, valores, y modos de trabajo del modo civilizatorio occidental son distinguidos por ser esclavizantes, individualistas y verticalistas. Como explicaremos más adelante, este esquema de trabajo sigue su curso de lo simple a lo complejo variando las formas paradigmáticas dentro de la filosofía de la No Unidad, sin plantear una superación de la lógica del poder y explotación. Dentro del desarrollo histórico de la civilización occidental o de la No Unidad, descollamos que la historia de la humanidad, más allá de sintetizar un “crecimiento”, “desarrollo”, “progreso”, “avance”, “desenvolvimiento” de la sociedad humana y el individuo humano, expresa un “crecimiento” desde lo simple a lo complejo, en la historia, de los mecanismos de acumulación de capital político y económico, de la  verticalidad de gestión de los modos de producción, y la consiguiente obstrucción de las reivindicaciones de las mayorías mundiales en constante crecimiento demográfico, impulsando las asimetrías monumentales que producen: la problemática alimenticia, educativa, etnocidica y ecocidica, amparada, hoy, por una nueva etapa del imperialismo que denominamos Neo-Neoliberal. En síntesis, el proceso de desenvolvimiento de los distintos espacios-históricos, en el que se desenvuelven las sociedades humanas, es más proclive a la involución que a lo contrario. La desbiologización de la tierra, de los alimentos y del ser humano, así como la descosmologización y destotalización del mismo, debido a la constante alienación y mutilación de su identidad, es el eje del devenir histórico. En este contexto, no es posible la reemergencia de un ser humano nuevo e integral.  Es así que el estilo de explotación, acumulación e inherente funcionamiento de los mecanismos de alienación y aculturización a los cuales han sido sometidas las sociedades de los países denominados desarrollados, aunque con presentes contradicciones internas de índole social, económica y de poder político, viabilizan la pugna por la superioridad inter-imperial, y no así, por la reconstrucción de una condición humana que  supere las injusticias y desenvuelva un ser humano integral que se sienta una unidad con la realidad. En esta línea, y de acuerdo a los modos de producción, explotación, alimentación y educación inherentes a los países “desarrollados”, la condición humana, en presente, se convierte en emisario de un proceso histórico de aculturización y desnaturalización (re-colonización y re-evangelización) que enajena cada vez más la identidad humana. Las tendencias anti-ser humano integral, así como las directrices en contra de la naturaleza y la realidad en general, paulatinamente han sido transportadas a los lugares más recónditos del mundo y específicamente de Bolivia, mediante medidas políticas que algún día fueron ovacionadas (participación popular, capitalización, la reforma educativa al estilo occidental), que no se han complementado con las particularidades culturales y, contrariamente, han fomentado la deconstrucción de las naciones indígena/originarias y la esencia civilizacional de la Unidad, han oprimido y desvirtuado la identidad en su profundidad o esencia coartando la posibilidad de una verdadera inter-intraculturalidad. Es éste el proyecto que se consolida con la nueva investida Neo-neoliberal, imposibilitando de antemano la interdependencia cultural, científico-tecnológica, filosófica, histórica y medioambiental entre los viejos paradigmas occidentales y el bagaje civilizacional no occidental que sobrevive en las sociedades latinoamericanas, el cual debe considerarse como un nuevo-viejo paradigma. Nuevo, porque detenta una nueva esencia filosófica distinta a la que es cimiento de los paradigmas que devienen de Occidente, y vieja debido a que existe desde tiempos anteriores a la conquista de América. En este contexto, consideramos que no se podrá construir un proyecto integracionista a través de la pluralidad nacional, debido a que esta última es concebida desde los paradigmas etnocéntricos de occidente, con su lógica de acumulación, producción y reproducción de capital. Mientras las reglas de juego del poder político occidental continúen imponiéndose a las múltiples particularidades o formas de la civilización no occidental que aún perduran dentro el contexto nacional, más seguro y destructivo se convierte el proceso de aculturización y alienación.     La explotación ha sido un eje importante en la historia humana, la cual ha sido enmarcada en la lesa condición humana actual que conocemos, transversalizada por la lucha de clases y la apropiación de los modos de producción al estilo occidental. Esta lucha ha sido sostenida gracias a los mecanismos de poder que caracterizan el accionar del ser humano de no unidad o mutilado. Foucault dijo que hombres como Marx y Freud nos aclararon la figura de la explotación, pero no así de cómo se conserva el poder y sus características. Extiende Foucault, en conversación con Deleuze, apuntando que: el poder es una cosa enigmática, a la vez visible e invisible, presente y oculta, investida en todas partes. Recalca, también, una faceta innegable sobre la manera en que se propaga el poder en todos sus niveles al decir: el poder se encuentra tanto a nivel del policía como del primer ministro, y que no existe en absoluto una diferencia de naturaleza entre el poder que ejerce un simple policía y el poder que ejerce un Ministro […] (haciendo) que los partidos o los sindicatos, que tendrían o deberían tener inversiones revolucionarias en nombre de los intereses de clase, pueden tener inversiones reformistas o perfectamente reaccionarias a nivel de deseo.[1] El hecho es, acotamos, que la lógica de poder es el producto de una sola esencia, una sola filosofía, la de No Unidad u occidental, y mientras los más críticos no salgan de los marcos de esta filosofía, continuarán reciclando el sistema y terminarán siendo, tarde o temprano, reformistas, nada más.  A la figura del poder debemos agregar ciertos criterios. Pensamos que dentro el entendimiento del poder existe un potencial tendiente a fortificar las contradicciones inseparables a la práctica política jerarquizada y, por ende, la inherente abstracción y escisión que sufren los representantes políticos en ejercicio de su base social, brindándose a las preferencias individualistas que propone el sistema, cancelando el uno-todo o el individualidad-colectividad. Otra faceta del ejercicio del poder, desde la perspectiva individualista, radica en la tendencia a separar o diferenciar las contradicciones espaciales, sociales y culturales suscitadas de los efectos particulares que el sistema de la No Unidad produce hacia dentro y hacia afuera de manera combinada e intracombinada, perdiendo el sentido profundo de ver, en cada representación, la diferencia-semejanza espacial, cultural, social, política, económica, biológica, genética, tecnológica a la cual se enfrentan las distintas colectividades e individualidades. La construcción del discurso político en sí, fomenta la particularización y la diferencia únicamente, para ejercer contrariedad y apoyo. Como faceta externa vemos, hoy, que el imperialismo, conciente de la naturaleza del ejercicio del poder, explota la condición humana, fomentando proyectos similares a la “Balcanización e Iraquización” que, en sí, esclarecen la naturaleza del poder, instando la dicotomización social y fomentando los proyectos regionalistas separativos (ahora autonomistas, figura presente en varios países latinoamericanos: Venezuela, Ecuador, Bolivia), resaltando la naturaleza inducida a procrear republiquetas que impiden conjugar una visión de Unidad Nacional.      Partiendo de estas figuras, la conciencia individual-colectiva y colectiva-individual continuará siendo corroída por las embestidas re-colonizadoras y re-evangelizadoras que tienen como objetivo profundizar la escisión ser-realidad. Las formas de dominación que partieron de lo sencillo (esclavitud) a lo complejo (etapa Neo-neoliberal), surgen de la misma característica civilizatoria fundamental: la dicotomización del ser, desarrollando cada vez formas más complejas de oprimir la condición humana. El desarrollo progresivo de las sociedades colonizadas, diseminado a través de los métodos de aculturización y re-evangelización en sus diferentes etapas (neocolonialismo inglés y la evangelización desde 1826 hasta la segunda Guerra Mundial, la neocolonización norteamericana y la evangelización desde 1945 hasta la década de 1970-80, y la actual recolonización por norteamericanos, europeos y asiáticos unidos a la re-evangelización), persiste en la persecución de las agrupaciones humanas, fomentando los valores, símbolos y filosofía de No Unidad. Es así que, una vez asimilados los contingentes humanos a esta estructura filosófica, las reivindicaciones enmarcadas dentro de los esquemas civilizatorios de Occidente pierden la potestad crítica y no buscan enfrentar los sistemas de poder, sino que, en gran medida, no hacen más que viabilizar aquello mismo que produce las contradicciones. En su fondo, las luchas tienden a darse entre fuerzas análogas que pelean por modos menos vehementes de explotación, alienación y aculturización. Este proceso, que con la faceta imperialista actual ahonda la búsqueda y ejercicio del poder, desemboca en un proceso degenerativo implacable de la condición humana, producto de los miles de mecanismos históricos ejercidos para aplastar el resurgimiento de la conciencia de Unidad del ser con su realidad. Lo realmente alarmante de todo esto es que la conciencia individual-colectiva y colectiva-individual ha sido destruida y alienada de modo progresivo con excelentes resultados, tanto así que existe una seudo-conciencia que asume que la esclavitud laboral y de otras formas ha sido superada, cuando la misma está alcanzando niveles de complejidad con mecanismos de subordinación cada vez más inteligentes. El individuo-colectividad y colectividad-individualidad reacciona ante esta arremetida esclavizante con las llamadas enfermedades de la civilización, el estres y otros males, los que no son achacados a la esclavitud, sino a indisposiciones sociales que son consideradas “normales”. Ya no existe una conciencia crítica de la condición humana en general. Los ataques apuntan a las formas de esclavitud (condición social, cultural, económica, política, educativa…) y no así a la esencia de la misma (la condición humana). En este sentido, el rol del intelectual imprescindiblemente debe ser reorientado e impulsado a otra dimensión de conciencia que interiorice y asuma que el colonialismo se hace tuétano, se hace carne en cada ser humano. Descolonizarse implica, por lo tanto, desvestirse de los propios músculos, tejidos y células. Consiste en alcanzar un diferente estado vibracional de “conciencia” y vivencia que permita al ser humano recuperar todas las facetas que ha dormido gracias a la mutilación y alienación que ha sufrido y continúa sufriendo por obra de la colonización y evangelización con sus nuevas etapas de re-colonización y re-evangelización.  Se trata de despertar, en un proceso de autodespertar, autoformación o autodesenvolvimiento, la información genética dormida en cada una de las células del cuerpo y trabajar internamente una nueva estructura y esencia celular. En síntesis, es un proceso de automutación biológica-psíquica-espiritual el que detonará los procesos descolonizadores convenientes para llegar a constituir un nuevo Ser Humano Integral. En este contexto, el poder es parte de la conciencia colonizadora mencionada. Todas las individualidades-colectividades contienen en sus células y su información genética el germen de la dicotomización y sus derivativos, los cuales dan vitalidad a la lógica de poder. En otras palabras, el poder no es solamente una estructura de pensamiento y acción individual y colectiva, es también, una energía-materia con una específica velocidad de vibración que se combina e intracombina con la específica intensidad de vibración de cada ser humano y de cada colectividad de seres humanos. El poder es una realidad energética-material que forma parte del vacío de identidad del ser humano de No Unidad o colonizado y recolonizado y es, al mismo tiempo, una realidad que transversaliza el vacío de identidad de las colectividades. El poder no es ni estructural, ni objetivo ni subjetivo, es la combinación e intracombinación de todos ellos. Por este motivo, los movimientos denominados revolucionarios, en determinado momento-espacio de su lucha por el cambio, sucumben ante su propia carne y terminan por ser funcionalizados y por funcionalizarse, frustrando la lucha política y, más aún, la lucha por el autocambio y la automutación de la realidad material-energética del poder que contienen en sí mismos y en el cual son contenidos simultáneamente. Por lo tanto, cuando se impulsan cambios históricos de apropiación de los modos de producción y acumulación de capital y recursos económicos con el objetivo de posibilitar mejores y más justas condiciones de vida para las sociedades humanas, no se hace más que allanar la crisis de identidad que deviene de la No Unidad y sus esquemas de economía no integrada con la propia identidad del medio ambiente, la naturaleza, la tierra y el cosmos en general. Los parámetros de la economía capitalista no se comprometen con el respeto a la naturaleza viva, y como estas medidas están hechas tuétano en cada ser humano, entonces nos encontramos ante el siguiente problema: la lógica celular del ser humano está programada y se autoprograma constantemente para avalar la lógica (o energía-materia) de economía de la No Unidad o de la colonización y sus etapas.  El humano antropocéntrico no puede hablar del desarrollo de un nuevo humano, de una conciencia y vivencia social/medioambiental ni de mejoras de la condición humana, mientras sus fuerzas productivas imposibilitan la re-emergencia o reaparición de la naturaleza humana integral, debido a las consecuencias medioambientales inherentes a la industrialización, la lógica del mercado de comercio mundial y la necesidad imperante de crecer y competir. Sobre esta falsa naturaleza humana, mezquina y enajenada de su realidad, se puede decir que la posibilidad de superar la explotación del humano no es posible si no se deja de explotar también a otros seres de la tierra y la realidad. La unidad indisoluble de la realidad explica el hecho de que los actos desequilibrados con la naturaleza, el cosmos y la realidad, conllevan actos del mismo orden con el mismo ser humano, a pesar de que la intención sea la contraria. Es el antropocentrismo el que lleva a la especia humana a caracterizarse por su falta de identidad, por su desbiologización, descosmologización destotalización. La filosofía que alimenta la civilización occidental desvirtúa la unidad de la realidad separando todo lo que existe y muestra a la realidad de forma invertida, hecho que hace que toda acción, pensamiento y sentimiento que pretenda proponer un verdadero nuevo paradigma para superar los “males” de esta civilización, culmine en un resultado también invertido, es decir, tan “desequilibrado”, tan dicotomizado y tan contradictorio como el paradigma que lo antecedió.  Acomodando lo recientemente explicado a la realidad social y económica tenemos lo siguiente. Primero, lo que entendemos por burguesía o clase explotadora, dueña de los medios de producción en la actual etapa Neo-Neoliberal, es la expresión y el resultado de todo el bagaje espacial-temporal histórico que ésta ha desarrollado en la totalidad de la realidad y no solamente en la específica realidad de lo humano. Esto significa que la clase apoderada de los medios de producción no solo usurpa la tenencia o propiedad de los medios de producción, sino que participa en la planificación de la violencia, incita la dicotomización social, crea el hambre y el desabastecimiento, disemina enfermedades, implora la consolidación de los sistemas de aculturización educativa, el crimen en todas sus manifestaciones, perpetúa la explotación de la naturaleza y consolida, cada vez más, la filosofía de no unidad del ser humano con su realidad total . Segundo, el explotado tiende a convertirse, en algún momento de su lucha, en un ser similar al grosero que lo subyuga, debido a su inconciencia y su vacío de identidad que no le permite mutar a un nuevo ser humano. Se única opción es ser subyugado o subyugador.      Ante el escenario descrito, ¿puede un gobierno auto-sustantivado de cambio trastocar la condición humana en su actualidad? En el largo camino hacia lo Humano Integral, éste, para alcanzar sus metas, debe amar a la naturaleza. De lo contrario, se dirá que lo humano fue un sueño. La “transformación” de la naturaleza (sin dañarla, hoy) es tarea de lo Humano Integral, para que éste, por el consenso, el equilibrio, la complementariedad, la autocomplementación y el respeto a cada identidad individual y colectiva en su diferencia-semejanza, tenga el “habitat” donde pueda realizarse en todas sus dimensiones de existencia. Si lo Humano “no cuida” a la Naturaleza, como elemento en el cual es contenido y al cual contiene, fracasará frente a su “destino”. Sus metas nunca serán alcanzadas, y de lo Humano “nada quedará”. [2]   Ante todo lo expuesto hasta ahora, pensamos que sí se puede impulsar cambios profundos que repercutan dentro del contexto global, pero ante esta interrogante de visión de mundo, de individuo y de país, debemos exaltar que el proceso de descolonización es, en sí, la única vía que puede antelar algunas fisuras dentro el delicado y violento período en que la humanidad se sitúa.  Este proceso de descolonización que implica deconstruir aquello que enceguece, debe venir a partir del individuo, de la conciencia y el deber que uno tiene. Solo sintiéndose el todo y a su vez uno, puede éste, precursar las olas necesarias para Ser y llegar al horizonte. Es por todo esto que debemos replantear estrategias políticas trascendentes y de largo aliento, que manejen, entre el tejido de propuestas académicas y desde las bases sociales, la conformación del Estado Plurinacional y Multicultural dentro de un paraguas civilizatorio que unifique la característica bi-civilizatoria boliviana (Occidental-Indígena/originaria), impidiendo la atomización territorial y la introducción de vías de consenso, coherentes y necesarias, que paralicen métodos de descomposición del remanente civilizatorio indígena/originario. El estado debe precisar, ante el contexto Neo-neoliberal y la realidad bi-civilizatoria nacional, una reformulación de la praxis política y las inherentes particularidades culturales y económicas nacionales, superando la definición abigarrada de lo social-nacional, para avanzar más allá de los complejo, corrigiendo la orientación de confrontación inherente a los centrismos étnicos y regionalistas del discurso dicotomizante, y proyectando un verdadero discurso-praxis integracionista. En esta medida, debemos dejar atrás la característica confrontacional o dicotomizante y aplicar en la nueva Constitución Política del Estado conceptos o lineamientos macroestatales que no se atengan a interpretaciones funcionalizables al proyecto imperialista. De otra manera, seguiremos un camino de difícil consecuencia para el proyecto de Estado en mano.  Consiguientemente, sentimos que el discurso de lo plurinacional y multicultural debe ser aproximado con prudencia, enalteciendo la reconstrucción paulatina de las particularidades civilizatorias de nuestras numerosas nacionalidades en un proceso simultáneo de  construcción de una identidad nacional. Consiste en construir una  base identitaria de diferencia semejanza. En la dimensión de la diferencia se debe impulsar la autonomía de cada identidad grupal o individual de los bolivianos, y dentro la semejanza, consolidar una esencia de identidad nacional que trasnversalice, como una red o, mejor dicho, que contenga y sea contenida por cada identidad particular. No se trata solo de incluir a pueblos no occidentales y sus paradigmas dentro del proyecto de nación, implica, además, que todos los bolivianos que asuman los paradigmas occidentales y se sientan integrados por los anteriores proyectos de nación, incluyan en sí mismos los paradigmas de los “otros”. Es decir, proponemos un proyecto de una comunidad de naciones que dé las posibilidades materiales y de desenvolvimiento pleno a las múltiples nacionalidades. La construcción del proyecto nacional, debe impulsar una protección verdadera, concreta y realizable ante las arremetidas externas. No debemos olvidar que la compleja situación administrativa del estado en su actualidad estará inducida constantemente por la fuerza enmarañada de los intereses internos y externos que buscan la continua  realimentación de la civilizacional de la No Unidad. No está de más recordar que el poder que esta ejerce sobre la mayoría de los seres humanos demuestra la habilidad de articulación y resistencia al cambio que se manifiesta en múltiples frentes, espacios, tiempos y, también, en el interior del mismo ser humano, pues es desde él y sus pensamientos, deseos, ilusiones y prácticas que se posibilita la devastación  del remanente de la civilización del Humano Integral.  Es por esto que la naturaleza del reaccionario y del revolucionario es tan parecida.  Por estas razones claras, nuestro esfuerzo y método solo podrá tener éxito a través del deber individual, apuntando conjuntamente, con toda la conciencia de ser un uno-todo, reivindicaciones desde la arena política, combinados con la irrupción espacial, cultural y social descolonizante, que eche a tierra los proyectos universalistas de alimentación y educación occidentalizada. Por esto reiteramos que no sólo apuntamos cambiar las manos que detentan los  medios de producción y el poder político para planear el destino de las sociedades, sino mucho más que eso. Hablamos de otro devenir de convivencia y desenvolvimiento más próximo a los objetivos que clamamos, intuimos y necesitamos, que postre la total destrucción del verdadero tesoro nacional, y evite la total destrucción de los remanentes de otra concepción ontológica, epistemológica y gnoseológica que fue quebrada sistemáticamente por el “mito de la modernidad” y “progreso”.  Es importante mencionar, para el juicio histórico, la creación del “mito de la modernidad”, impulsado en las obras de Ginés de Sepúlveda por la iglesia católica para consolidar y fomentar los proyectos de colonización que hoy en día siguen, en su esencia, fomentando las acciones bélicas y “modernizadoras” del mundo occidental, posibilitando y habilitando las atrocidades que, en la fase actual Neo-neoliberal, permiten la incursión inter-imperial para conseguir la permanencia de sus modelos de desarrollo, educación, política y, consiguiente, filosófica mediante nuestros sistemas educativos que reciclan la escisión humano-realidad. Pero qué es exactamente la “modernidad”. Ésta representa la determinación de la civilización occidental de denominar a las culturas ajenas a sus bases filosóficas como inferiores, rudas, salvajes, sujetos de una culpable “inmadurez”, instaurando a los mecanismos de la colonización (guerra, violencia, sistemas educativos) que se ejerce sobre el ‘otro’, como necesarios y “utiles” por el “bien” del bárbaro que se civiliza, que se desarrolla o “moderniza”. Enrique Dussel dilucida que el “mito de la modernidad” permite victimar al inocente (al otro) declarándolo causa culpable de su propia victimización y atribuyéndose el sujeto moderno plena inocencia con respecto al acto victimario, resaltando que el sufrimiento del conquistado (colonizado, subdesarrollado) será interpretado como el sacrificio o costo necesario de la modernización[3].      Pero, a su vez, este proceso del “reconocimiento del otro” se aleja del sentimiento de la diferencia-semejanza, porque olvida que en un estrato más profundo del que podemos ver (a nivel de información genética) todos somos semejantes. Occidente ha escondido a la semejanza, detrás de la ilusión de la igualdad, debido a que la semejanza-diferencia abre paso a una re-evolución filosófica, paradigmática, de enfoque y de modo de existencia, que le devuelve a la filosofía Originaria (o Indígena) su estatus de verdad, con su propia ciencia[4]. Primero se ha desplegado la idea de que Occidente es una cultura y toda colectividad que no sea Occidental, es una cultura más, generalmente denominada etnia. Esto permite que Occidente se muestre como una gran civilización, frente a miles de culturas pequeñas y diferentes, y desde esta posición se impone como la más grande y como la portadora de la verdad, mientras que las otras miles tienen sus “verdades étnicas” (etnomedicina, etnoturismo, etnohistoria) denominadas “saberes locales”, lo que las posiciona en peldaños menores a los de conocimiento (no saber) universal (no local) de Occidente. Todas estas culturas divididas a nivel teórico y práctico por el avance de la modernidad y la ciencia, comparten una misma filosofía, lo que las hace pertenecientes a una misma civilización que se podría denominar del Humano Integral (siempre y cuando ninguno de estos términos se remita a un territorio, a una lengua, o a cualquier concepto y realidad etnocéntrica o divisionista).  Por esta breve exposición pretendemos brindar el uso conceptual del estado bicivizacional, que es más proclive a la integración. En la coyuntura política y cultural actual, nos encontramos ante la escisión oriente-occidente que empieza a calar hondo dentro de nuestra identidad indígena/originaria. Relatamos una anécdota muy esclarecedora de tal enunciado. Tuvimos un encuentro cercano con un asesor de los movimientos sociales, quien nos remarcó que las diferencias entre los indígenas/originarios de occidente y oriente se da porque las culturas que se desarrollan en la parte andina profundizaron mas el sentimiento de la Unidad con la tierra que aquellas culturas que se desenvolvieron y desenvuelven en el occidente boliviano. Noten cuan importante contribución, quizá sin la menor intención de diferenciar a los movimientos indígena/originarios de oriente y occidente en su cometido reivindicativo inmediato, pero delata rígidamente los futuros desacuerdos y problemas territoriales internos de las particularidades regionales que se irán suscitando. Los puntos de encuentro entre las culturas andinas y las de las tierras bajas empiezan a alejarse cuando, en realidad, están totalmente combinadas. Extensa bibliografía y experiencias demuestran que las últimas sostienen una filosofía de unidad con la naturaleza, sólo que la expresan en formas culturales diferentes a las de las culturas andinas. La diferencias-semejanza, consolidada en una misma esencia que denota y connota diferentes formas culturales, es un hecho evidente, pero el discurso dominante la opaca con sus vericuetos tan eficazmente influyentes en la estructura-organización  identitaria de cada una de las células de cada ser humano. Y no podría ser de otra manera, la existencia de un sin número de medios de difusión de este discurso, desde la familia hasta la formación profesional, permiten mantener al ser humano totalmente dormido a la realidad unificada. Así, mientras los parámetros del modo operacional del poder se mantengan dentro la lógica: racional, dicotomizante y verticalista, siempre existirán unos que se impongan a otros, no pudiendo los unos ver la semejanza mas profunda que debería ser la proeza necesaria para romper los paradigmas de poder. El Vice-Presidente Álvaro García Linera acentúa que un régimen civilizatorio es más que un modo de producción pues integra la matriz cognitiva y los procedimientos de autoridad que regulan la vida colectiva; asimismo, una civilización puede atravesar varios modos de producción, como, por ejemplo, la comunidad arcaica y la comunidad rural, que siendo dos modos de producción diferentes compartieron similares matrices organizativas de la vida[5]. Agregamos que el modelo civilizacional occidental, también atravesó varios modos de producción en sus fases: esclavista, feudal, capitalista y socialista (modo de producción que no superó la dicotomía naturaleza-sociedad, que lo sujeta al modelo de civilización de separación ser-realidad), todos partiendo de la misma esencia civilizacional occidental.  No se puede restringir, en ésta medida, el método de enfoque de lo civilizacional a los aspectos económicos ni tampoco al tema de la heterogeneidad o la diferencia. Más allá de las diferencias o particularidades de forma entre las múltiples naciones de Bolivia, un vínculo sólido de semejanza debe complementar a las diferencias de forma.       Es menester plasmar un candado jurídico que consiste en plantear un Estado bicivilizacional en lugar de multicivilizacional. La idea impuesta por Occidente de que las culturas no occidentales son pequeñas y múltiples civilizaciones derivadas de sus formas culturales y manejo económico, les quita a las mismas la posibilidad de unirse. Al despojar a las culturas no occidentales de su esencia filosófica compartida: la unidad ser-realidad, se las condena a la separación y al enfrentamiento cultural. Mientras tanto, Occidente se posiciona como una sola civilización, a pesar de mostrar variadas formas culturales, como diferentes modos de producción. Esto le da hegemonía debido a que lo convierte en la civilización que detenta el conocimiento universal frente al saber local y heterogéneo de las distintas civilizaciones no occidentales. De esta forma, con este candado que le devuelve a las culturas no occidentales su semejanza, sin quitarles su diferencia, se posibilita, a largo plazo, potenciar la fuerza de la civilización del Humano Integral, que no es estrictamente indígena/originaria, así como también debilitar la avasalladora hegemonía de Occidente, equilibrando la situación de dominación actual. No podemos negar que dentro de los marcos políticos actuales persiste la práctica monoétnica y monocivilizatoria, no pudiendo plasmarse hasta el momento una apertura real y concreta de gobierno hacia verdaderas vías de complementariedad civilizacional. Dentro de esta aseveración, instamos a la complementación civlizacional vía los mecanismos jurídicos que, en un futuro, críen un comienzo que comprenderá auténticos mecanismos de descolonización. Retomemos lo que Rousseau pronunció sobre el rol del legislador: “el que se atreve a emprender la tarea de instituir un pueblo, debe sentirse en condiciones de cambiar, por decirlo así, la naturaleza humana; de transformar cada individuo, que por si mismo es un todo perfecto y solitario, parte de un todo mayor, del cual recibe en cierta manera la vida y el ser; de alterar la constitución del hombre para fortalecerla; de sustituir por una existencia parcial y moral la existencia física e independiente que hemos recibido de la naturaleza”[6]. Prevemos que los mecanismos jurídicos que viertan de la Asamblea Constitucional ni siquiera apuntan a interrumpir las prácticas monoétnicas y monocivilizatorias porque no se cuestionan decisivamente sobre los fundamentos filosóficos de las leyes, sobre el tipo de país o casa en que vivimos, y cuan profundo ha trasminado la realidad re-colonial y re-evangelizante descrita con anterioridad. Debemos tener en cuenta los factores que Sun Tzu expresa en el Arte de la Guerra: debe existir un verdadero conocimiento del terreno en que nos movemos, del tiempo en el cual vivimos, y de la disciplina individual necesaria para conformar la comunidad de naciones bolivianas. Sin estos factores cualquier propuesta y decisión política pierde validez debido a que no se contextualiza. Lastimosamente, la Asamblea Constituyente no ha terminado de contextualizarse y, por ende, no reconoce la importancia de hacer frente a la etapa neo-neoliberal, re-colonizadora y re-evangelizadora que profundiza los procesos de imposición de la filosofía occidental sobre la originaria. La fuente filosófica sobre la cual se están plasmando las nuevas leyes sigue siendo la hegemónica, de eso no hay duda.  Contáctenos a thunhupha yahoo.com
[1] Foucault, Michel. Microfísica del poder: Los intelectuales y el poder, entrevista Michel Foucault-Gilles Deleuze. Las Ediciones de La Piqueta, 1979. Pg.83-85 [2] Illescas, José. Perú: Hora Zero. Editorial Runa Soncco pg: 14 [3] Dussel, Enrique. 1492 EL ENCUBRIMIENTO DEL OTRO: Hacia el origen del mito de la modernidad. Plural 1992. La Paz-Bolivia. pg: 70. [4] Algunas reflexiones en torno a los nombres “indígena” y “originario”Aporte a la Visión de País. Publicado en http://www.bolpress.com/%22http://www.rebelion.org/%22, fecha: 5/12/2006  [5] García, Álvaro. Estado Multinacional. Editorial Malatesta. La-Paz. pg. 44 [6] Rousseau, Juan Jacobo. El Contrato Social. Editorial Lima. pg:203